La noche es cómplice de las infinitas despedidas ¿Cuántas veces no hemos dejado el dolor cuando la transparencia de un poder cansado toca nuestra mente? Hay silencios que reconfortan. Un baño blanco de alma que se reencuentra en el sonido de su propia respiración. Sabes que estás viviendo cuando te escuchas respirar. Nuestro pulso es el silencio que no tiene la mente. La muerte no es un lugar lejano, está en el momento en que la piensas. No huyas de ella, pues suele traer, así como la brisa, todo el detalle de la vida. El silencio de la tristeza permite escuchar la vida.
Sin más, aquí les presento:
"Adiós noche"
Cuando caminaba podía dar vueltas con el cerebro. Escapaba en las noches por las veredas contaminadas de soledades. Lo atractivo del cielo se imprimía con ligereza sobre los cordeles de los gorriones. Era yo y la noche sin sueño. Tres pasos y aplasté una rana con insomnio. La piel toda parecía embarrada de yodo. Ojos saltones y patas alargadas. Su lengua permanecía escondida pero ya hablaba pues con su cuerpo. El camino se divisaba plateado a la luz llena de la luna. Los árboles contrastaban el caifás escabullido en los matorrales. La rana rió y calló a la vez. Sus saltos se dirigieron a un riachuelo diminuto con florecillas acuáticas en la superficie semiestancada. Pasé el dedo por el lago frío e hice remolinos. Retomé la imagen onírica de un niño con corchos y agujas -Las penas- me dije - me trasladan a la inexistencia. No quiero regresar al punto de las oscuridades, sin embargo, mira el sitio en el que me encuentro- La selva latía a corazonadas del coma. La brisa movía las hojas de las palmas en un calmado verso con percepción total. Pequeñas orugas aprovechaban el rocío para beber y comer hojas tiernas y dormidas - ¿Se percatarán que las devoran? - Los años estaban allí: En la roca en medio del camino como un hielo perdido. Los pasos constantes de la marcha del melancólico ¡Pero no hay puente! ¡No hay lago para entrar con las piedras en el abrigo! El fondo es un precipicio donde juegan los peces transparentes que brillan en lo negro. Comen las algas peinadas en dirección al mar -Para allá voy- se dijo -He de zarpar en la letanía- La rana decidió seguirle pese que temía la sal en sus poros. Al canto de una garza en delirio, el faro trémulo dio un pestañazo cual fotografía a los caminos transitados. Las olas golpeaban la orilla en una percepción total de verso escribiéndose. Los años eran las estrellas reflejadas en la mar y la noche, castillo eterno de los que quieren vivir. He preferido la madrugada. Trasladar el cuerpo a la montaña de la isla invisible y pensar, mientras camino por un trillo sin fin, en el sol que alumbró la rana.

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